Me he infiltrado un mes en grupos de WhatsApp de anoréxicas y bulímicas, y así ha sido mi día a día

Me he infiltrado un mes en grupos de WhatsApp de anoréxicas y bulímicas, y así ha sido mi día a día

Mira que me ha tocado hacer cosas raras en el trabajo y no me quejo, pero esta sin duda es la que se ha coronado. Siempre han existido foros y nichos en Internet donde personas con trastornos alimenticios han creado comunidades para apoyarse o darse consejos entre ellos para perpetuar su trastorno.


Lo que ha cambiado a lo largo de estos años es que cada vez más plataformas se suman a censurar cualquier tipo de apología hacia la anorexia y la bulimia. A pesar de ello, sigue existiendo un lugar «seguro» e inalcanzable donde se siguen creando estas comunidades: WhatsApp.

Una breve búsqueda entre vídeos de Youtube es suficiente para descubrir links a chats de WhatsApp al alcance de cualquiera, donde decenas de chicas se meten a darse consejos sobre cómo vomitar sin hacer ruido, o cómo hacer dietas de 200 calorías al día. A cuanto más leía uno más disparatado era.

Era una ventana demasiado llamativa como para no asomarse a ella, por pura motivación periodística y nada de curiosidad insana me metí en los links y empecé a leer. Tan solo unos pocos mensajes me bastaron para darme cuenta de que iba a necesitar estómago para leer todo aquello.

Día 0: Empezamos, ¿eres Mía o Ana?

Con links que encuentro de vídeos en Youtube logro entrar en cuatro grupos: «Las Kawaii», «Tean N’Coffee Diet», «Global» y «Princesas». Son chats públicos y cualquiera puede unirse, no hay ningún tipo de filtro.

Dejo pasar todo el viernes hasta el día siguiente para leer con tranquilidad todo de seguido. Cuando el sábado por la mañana abro el chat me quedo alucinando con lo que me encuentro.

Lo primero de todo te piden que te presentes, debes decir nombre, edad, peso, altura, tu meta y si eres Ana (anoréxica) o Mía (bulímica), o a veces Alisa, que identifica la obsesión por la comida sana, «ALImentación + SAna = ALISA». Los pesos que querían alcanzar me vuelan la peluca.

Me salto el paso de presentarme porque los grupos están formados entre 80 y 200 participantes, pienso que nadie se daría cuenta de que estaba ahí si simplemente estaba callada. Por si acaso me preparo una plantilla de presentación en la que me llamo Carlota, tengo 16 años, mido 1,65 y peso 55 con meta a 45, Ana y Mía.

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A medida que hago scroll y me encuentro con las conversaciones se me hace un nudo en el estómago. Las cosas que hablan de repente son jodidísimas a niveles muy perturbadores. Y no llevo ni 5 minutos leyendo los grupos.

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Consejos para vomitar, chicas recomendando no comer, frases como «nosotras somos así y somos conscientes» refiriéndose a la anorexia… A medida que sigo las conversaciones son más y más duras. Literalmente me crean malestar. Paso el resto del día con mis amigos y sin querer me vuelvo monotema con ellos. No dejo de contarles lo que estaba leyendo en el grupo, cada detalle, cada cosa que simplemente me vuela la cabeza. Lo que más me impacta es la naturalidad con la que hablan de meterse dedos en la garganta, o sobre cómo razonan sobre su propio trastorno.

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Las conversaciones me flipan. Una chica comenta que no le viene la regla en 7 meses y lo primero que le contestan es «te vas a hinchar». No me cabe en la cabeza simplemente.

Me obligo a dejar de mirar el móvil porque me estoy poniendo mal anímicamente hablando. Ver cómo chicas tan jóvenes están pasando por esto y ser simplemente espectadora de aquello me hace sentir terriblemente incómoda.

Día 2: Autolesiones y más de 1500 mensajes

No vuelvo a mirar los grupos hasta la tarde del domingo, y al desbloquear el móvil lo que me encuentro es esto:

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Me asombro ante lo mucho que interaccionan a lo largo del día entre ellas. Ya escarmentada por lo que me había encontrado el día anterior, voy con la mente abierta y preparada para lo que pueda leer. Me zambullo entre ese mar de mensajes y lo primero que me encuentro ya me deja planchada total.

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Habían estado toda la noche mandándose fotos de autolesiones. Me paso por mi galería de imágenes y está plagada de muñecas y muslos con autolesiones. No he puesto las capturas más duras porque es contenido bastante fuerte, pero os aseguro que se te hace un nudo el estómago, la garganta y en cualquier parte que te imagines.

Ver esas imágenes me hace sentir terriblemente mal por las chicas por dos razones: primero por pensar en si se puede ayudar de alguna forma y no saber cómo, y luego por sentirme como una especie de mirona que está invadiendo algo tan sumamente privado, sensible y delicado como es la autolesión ajena.

Ellas comparten ese dolor entre ellas a modo de desahogo, o buscando más apoyo, aunque sea para seguir autolesionándose o reafirmándose de alguna forma, pero sentía que yo no tendría que estar viendo esto. Es como visitar un rincón en el que las chicas saben que en el exterior no serán comprendidas, pero en su pequeño espacio virtual son libres incluso de compartir algo así de íntimo.

1531 mensajes dan para mucho, así que continué haciendo scroll y pude leer sus historias más personales, ayudándome a comprender mejor sussituación y por qué habían llegado a esos grupos. También descubrí poco a poco la terminología que usan entre ellas, como «thinspo».

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Después de leer durante unos 15 minutos, me saturo y decido dejar los grupos para seguir leyendo más adelante en unos días. Suficiente malestar para un solo día.

Día 7: Pierdo el móvil

Pasa una semana desde que no miro los grupos. Entre la cantidad de trabajo que tengo en la oficina y las pocas ganas de volver a coger mal cuerpo al leer los grupos, decido dejarlo hasta el fin de semana siguiente. Si no fuera por una pequeña crisis que casi lo echa a perder.

Es viernes y salgo con mis amigos a tomar algo. Entre unas cosas y otras la cosa se va un poco de madre vuelvo tarde a casa y cojo un taxi. Estoy un poco perjudicada mareada y en un descuido me dejo el móvil en el vehículo al salir.

Al despertarme y no ver el móvil lo doy por perdido pero a la mañana siguiente al llamar por teléfono a mi propio número me contesta el taxista y me trae el móvil a casa. Era tan majo que se puso a escribir a lo largo de la mañana a todos los últimos chats de mi WhatsApp para ver si alguien me podía decir que tenía mi móvil.

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Con ese simple gesto, Francisco había asustado a las pobres chicas que empezaron a salir del grupo. Agradecí infinitamente haberme topado con un taxista amable y majo, pero me cabreé con la Alesya del pasado creyendo que la había pifiado del todo, porque el grupo empezó a vaciarse y a estar callado. Decido esperar unos pocos días a ver si se les pasa el susto y a mí la resaca.

Día 10: Empezando de nuevo

Llega el lunes, y durante el fin de semana aprovecho para cambiar de móvil. Para volver a meterme en algún grupo cojo números sueltos de antiguos grupos y les pido a algunas chicas por privado si me pueden volver a meter en lo nuevos. Sin mayor complicación logro volver a meterme en dos nuevos grupos: «Estrellas fugaces» y «Somewhere Only We Know».

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Y otra vez de vuelta como una vieja que se asoma al patio a cotillear, leo sus conversaciones y su día a día.

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A medida que las chicas pasan enlaces a otros grupos entro a todos los que puedo, para que no me vuelva a pasar lo de la última vez. Por otra parte también descubro que es así cómo se mantienen vivos los grupos: mudándose de unos a otros constantemente.

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Si lo que buscas es información sobre anorexia, bulimia, cómo practicarlas o donde encontrar grupos, te recomendamos escribir a vidasaludable@salud.madrid.org, correo de información sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Comunidad de Madrid, o al teléfono 913 70 08 93/94, donde te podrán informar sobre grupos de ayuda para personas con trastornos alimenticios

Aquí podrás encontrar el listado de asociaciones a lo largo de toda España.

Día 12: Me voy acostumbrando

Me paso dos días leyendo de vez en cuando los grupos, cuando tengo ratos libres. Sin el nudo en la garganta inicial, hasta puedo empezar a sacar algunas conclusiones de lo que veía.

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Entre consejos de dietas extremas y reproches entre ellas por estar gordas, te encuentras con conversaciones costumbristas como en cualquier grupo de WhatsApp, como la película que acabas de ver, o lo que te acabas de comprar en el centro comercial. Pero todo girando en torno a la anorexia y la bulimia. Qué queréis que os diga, es rarísimo, pero es tan cotidiano que hasta te acostumbras.

Para ellas es un estilo de vida, una forma de ser y una manera de formar parte de algo. Al final la mayoría son adolescentes, por su forma de expresarse o por las cosas que les preocupan. Las empiezo incluso a ver con otros ojos, menos alarmistas al estar con ellas en el día a día.

Día 16: Empiezo a entender cómo son y por qué

Si al principio mis reacciones eran de malestar e incomodidad, con el paso del tiempo y de leerlas de forma constante diariamente, al final me acostumbro. Obviamente sigue siendo raro ver cómo piensan o sobre lo que hablan, pero de alguna forma lo normalicé o «no parecía para tanto».

La naturalidad con la que hablan de sus problemas, sus inquietudes y su «hobby» (porque literalmente cuando hablan da la sensación de que hablan de la anorexia y la bulimia como un hobby) hace que mi sensación de alerta bajara.

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Claro que cuando hay conversaciones como la de arriba mi primera reacción es: «¿pero dónde demonios se ven gordas?».

A estas alturas muchas cosas ya no me llaman la atención, pero sí que me paro a leer cuando hablaban de sus motivos, aspiraciones o lo que ellas mismas piensan sobre su trastorno, porque es interesante cuanto menos.

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A pesar de practicar la bulimia o la anorexia, ellas mismas no se consideran en un «estado serio» de dicho trastorno. De hecho, ni siquiera piensan que lo tienen.

En posteriores conversaciones también cuentan cómo han acabado aquí, o por qué quieren adelgazar, muchas veces por problemas de autoestima, obviamente, y otras por bullying o su entorno.

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La forma en la que se retroalimentan es casi mecánica. Si una desfallece en su meta, las demás están ahí para ayudarla. Pocas veces he visto a grupos de gente tan unida por algo. Guardan algo incluso de una «sinceridad» brutal entre ellas. Si una pasa una foto en la que se siente gorda, el resto no van a tener tapujos en decirle «sí, estás gorda, debes bajar peso». Si alguien come demasiado y lo cuenta, las demás dicen sin miedo que vomite. Algo que al menos en mi mundo y en mi entorno suena loquísimo.

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A cada cosa que leo más reafirmo mi parte racionalizada. Incluso ellas mismas lo remarcan: lo primordial es el control. Controlar lo que comes, controlar el dolor (en la autolesión)… El sentido estético incluso parece quedar en segundo plano, lo importante es sentir que todo está bajo control.

Día 24: Hablo con algunas chicas

Después de casi un mes logro meterme hasta en 9 grupos distintos, pero no todos son igual de activos ni igual de grandes. Pasado este tiempo decido ponerme en contacto con algunas chicas por privado para poder averiguar si es posible encontrar más grupos de otra forma que no sea vídeos de Youtube.

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Con otra chica española entablo un poco más de conversación, pero me contesta lo mismo: vídeos en Youtube con enlaces a los chats. También me cuenta que en Amino, una app, también hay grupos (cosa que fui a comprobar y efectivamente era así). Además, le pregunto por qué se mete en esa clase de grupos.

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Me voy a la AppStore y busco Amino. Descubro que efectivamente es otro nido de grupos de chat para hablar de estos temas. Y se encuentra en la aplicación sin ningún tipo de problema ni baneo.

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Día 28: Intento crear alarma en el grupo

Una última interacción que decido hacer fue poner a las chicas frente a una situación extrema. En uno de los grupos les cuento abiertamente que he estado en el médico y que estoy en un estado bastante grave.

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Las respuestas en parte me sorprenden. Al final es lo que comentaba un poco más arriba: el sentimiento de unión. No terminan de decir que lo que hago está mal, pero me animan a mantener un mínimo de salud para poder seguir delgada, pero viva.

Mis conclusiones finales es que después de leer este tipo de conversaciones, te saturas. Al menos en mi caso. Por una parte porque es difícil de entender si no padeces el trastorno, por otra porque sabes que no puedes hacer nada al respecto a parte de quizás escribir un reportaje contando que esto existe y alguien que conozcas puedas estar en uno.

Si necesitas ayuda, o alguien de tu familia o amigos la necesitan, o si lo que buscas es información sobre anorexia, bulimia, cómo practicarlas o donde encontrar grupos, te recomendamos escribir a vidasaludable@salud.madrid.org, correo de información sobre Trastornos de la Conducta Alimentaria de la Comunidad de Madrid, o al teléfono 913 70 08 93/94, donde te podrán informar sobre grupos de ayuda para personas con trastornos alimenticios. También si estás fuera de Madrid, mirar este listado de asociaciones a lo largo de toda España donde podrán proporcionarte ayuda e información.

Es increíble cómo los medios de comunicación, la publicidad, el bullying, entre otros, fomentan más de lo que creemos que este tipo de trastornos nazcan, o florezcan en adolescentes vulnerables.

Al salir de los grupos una no puede sentir otra cosa que dejas a las chicas a su suerte, como conté en Despeja la X, al acabar el reportaje, con la esperanza de que quizás en un futuro, al igual que la muchacha con la que hablé que salía a veces de los grupos, lo hagan el resto para no volver nunca más.

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La noticia

Me he infiltrado un mes en grupos de WhatsApp de anoréxicas y bulímicas, y así ha sido mi día a día

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Xataka

por
Alesya MO

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